Friday, June 6, 2014

Prohibiciones

A nadie nos gusta que nos prohíban nada. Las prohibiciones pueden hacer que nuestra libertad se coarte. Parece que si los seres humanos somos libres por naturaleza, no deberíamos tener ninguna prohibición. Incluso los peores críticos de las religiones y de los gobiernos, promueven ideas anarquistas que se elevan por encima de toda autoridad y creen en la libre e incuestionable determinación de los individuos.

Los que me conocen saben que no me gusta manejar y que los autos particulares me parecen, en general, medios ineficientes de transporte. Por eso, sólo utilizo mi auto cuando es absolutamente necesario, pero recorro la ciudad en metro, metrobús y sobre todo, en taxi. Me gusta mucho la frase de aquél político latinoamericano que dice: "Desarrollo, no es que los pobres tengan coche, sino que los ricos usen el transporte público". Gracias a ello he liberado a mi cuerpo y a mi mente del terrible estrés originado por el tránsito porque, cuando alguien más conduce por ti, tu mente puede enfocarse en todo aquéllo que debes hacer durante el día. Incluso puedes encontrar invaluables momentos para la lectura, espacios que muy probablemente, si eres tan ocupado como yo, no encontrarías en otro momento del día.

Hoy por la mañana, rumbo a uno de mis proyectos, abordé un taxi que tomaría periférico desde el sur, hasta las lomas. Si bien el conductor era un poco atrabancado (después de pasar un par de topes sin frenar, uno puede notar inmediatamente cuando el vehículo no es del taxista), no soy partidario de corregir el desempeño del chofer, a menos de que lo amerite. Una vez habiendo tomado el periférico y yendo arriba del límite de velocidad, el teléfono celular del conductor sonó y el taxista, sin siquiera pensarlo, soltó la mano izquierda del volante, miró quién llamaba y sin mayor recato, llevó el teléfono a su oído y comenzó a hablar.

Tuvo el chofer, la desventaja de tenerme a mí arriba de su auto. Un poco exhaltado le dije: "Amigo, podrías colgar tu teléfono, vienes a 100 km/h".

El chofer accedió a colgar pero muy molesto me gritó: "No vengo cotorreando, murió un familiar". Mientras me gritaba, en vez de tener la vista al frente, volteó a verme por el espejo retrovisor. Entonces le grité con energía. "Mantén tu vista al frente, vienes a 100 km/h". Entonces me replicó: "Mejor me salgo y tome otro taxi". Y por supuesto le dije: "Mira, llévame a donde te pedí, sólo maneja bien". Terminamos la discusión.

2 minutos más adelante encontramos un embotellamiento y su velocidad no excedió los 30 km/h.

Por supuesto, dadas las circunstancias del incidente, y el grado de ira que manifestó el taxista, yo no habría podido discutir con él y explicarle con detalle los cientos de razones por los cuales no es nada recomendable tomar una llamada (del modo que la tomó, sin un manos libres) a 100 km/h sobre el periféfico. Por eso tuve que utilizar mi potente voz grave y simplemente dar órdenes. Tuve que prohibir. Y justamente por esta razón escribo este artículo. Los anarquistas radicales proponen que la libertad debería implicar la abolición de las prohibiciones (cada vez que utilizo el verbo abolir, me gusta preguntarle a la gente si saben conjugar el verbo). Sin embargo, la libertad inculta, ignorante, supina puede ocasionar consecuencias que supriman la verdadera libertad.

Tal es el caso de los adolescentes que, buscando la libertad, se aficionan al tabaco, el alcohol, el sexo o las drogas y pierden, en un ejercicio de libertad, su propia libertad. Por supuesto, siempre hay voces que advierten a los adolescentes acerca de los peligros de abusar de las drogas o el sexo... Pero su ignorancia y posiblemente su necedad les impide ver el problema. Piensan que sólo se les prohíbe.

Ese fue el caso del taxista de unos cuarenta años que conducía hoy por la mañana. Su argumento fue tan inmaduro como el del alcohólico que dice que bebe porque le duele el alma. El taxista dijo: "contesto el teléfono a 100 km/h sobre el periférico porque un familiar murió". Por supuesto, no iba a seguir discutiendo con una persona enojada y que conduce un auto en el que yo voy. Pero lo primero que se me vino a la mente fue decirle: "Pues si contestas el teléfono a 100 km/h, hoy va a haber 2 muertos en tu familia".

Por supuesto, cuando uno se sube a un taxi, el taxista no sabe a quién lleva ni con quién habla. El taxista no sabe que soy ingeniero de una de las universidades más prestigiosas de México y que cuento con algunas certificaciones internacionales y que sé algunas cosas que él ignora. ¿Qué es lo que el taxista ignora y que yo sé?

Primero, que si vienes a 100 km/h y distraes tu vista un segundo para ver quién te llama, avanzas casi 30 metros a ciegas. Yo te pregunto ¿correrías con tus piernas a lo largo de 30 metros y a máxima velocidad con los ojos cerrados por un camino que no conoces? Claro que no, porque si te encuentras un obstáculo, te golpearías muy fuerte. Pues bien, si corres a máxima velocidad (y no eres Usain Bolt), seguramente no rebasarás los 15 km/h. ¿Qué te hace creer que es menos peligroso avanzar 30 metros a ciegas yendo 6 veces más rápido que si corrieras con tus piernas?

Segundo: Si sólo sostienes el volante con una mano a 100 km/h, es más probable que pierdas el control del auto. Piensa: si avanzas a 30 metros por segundo, un volantazo de un segundo puede hacer que te estrelles contra otro vehículo o contra el muro de contención... Y si el vehículo no tensa el volante conforme aumenta la velocidad (como no lo hacen los Tsurus), la probabilidad de dar un volantazo es más alta.

Tercero: Hablar por teléfono celular mientras conduces es una infracción al reglamento de tránsito.

Cuarto: El riesgo de tener un accidente automovilístico se ha aumentado de forma dramática desde que aparecieron los teléfonos celulares.

Quinto: Hay quienes afirman que ir viendo la pantalla del teléfono celular mientras se conduce, es como si se condujera completamente borracho.

Una vez escuché una frase en la que se afirmaba que a nadie se le tenía permitido pecar. Y por supuesto, los críticos de las religiones no comprenden el hecho. En general, los humanos ignoramos las consecuencias del pecado, aunque para los que nos gusta darle el privilegio de la duda a las religiones, podemos ver claramente sus terribles consecuencias.

Yo pregunto ¿Al chofer de ese taxi, le estaba permitido cometer una infracción al reglamento de tránsito, sólo porque su familiar había muerto? ¿Quién sufriría las consecuencias de tener un accidente conduciendo a 100 km/h?

Debemos ser humildes. Siempre hay alguien que sabe más que nosotros. En este caso, yo sabía mucho más acerca de cuestiones físicas que el taxista. Dios no va a suspender las leyes de la física, sólo porque uno de nuestros familiares tiene problemas o porque hay una emergencia en el trabajo. Si somos sensatos, a nadie le debería estar permitido ver la pantalla y contestar el teléfono celular conduciendo a 100 km/h. Sin importar las circunstancias.

Y siguiendo mi razonamiento, voy a extenderlo al caso de las religiones. Aunque no lo creo así, voy a suponer que ninguna de las religiones en el planeta es verdad revelada. Voy a suponer que no hay Dios que nos haya escrito con fuego, una ley en el corazón y que no mandó nunca a los hombres a escribir esa ley en sus libros sagrados y que las leyes Católicas son sólo un descubrimiento de un conjunto de hombres y mujeres que a lo largo de la historia, han encontrado las consecuencias catastróficas del pecado... Personas que durante siglos han estudiado el comportamiento humano y que han descubierto las 10 ó 12 cosas que más dañan al hombre. ¿No te gustaría darle el privilegio de la duda a esas personas, para no estrellar tu vida a 100 km/h?

Antes de rechazar una prohibición, cuestiónate ¿cuál es el origen de la prohibición? El taxista pudo haber pensado que yo le ordené que terminara su llamada, sólo porque estaba prohibido en el reglamento... Pero yo entiendo cuál es el origen de esa regla. Hay quienes afirman que el pecado no existe... Sólo te pido que te cuestiones ¿cuál crees que sea el origen del pecado? ¿Quién sabe, tal vez la prohibición te ayude a alcanzar tu verdadera libertad?

Yo hice la prueba, y me di cuenta de lo bueno que es el Señor.

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